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sábado, 28 de mayo de 2011

¡¡Tic, tac, tic tac, tacones!!

Hola amiguetes!!
Como ya os conté hace unos días, los paseos de subida y bajada del trabajo dan para mucho… Esta mañana, con más sueño que la Bella durmiente, casi me toca hacer de ATS!  Una chica descendía por la peligrosa (y casi inexistente) pendiente de c/ Calabria armada en unos enormes tacones. Yo creo que si se llega a quitar los zapatos, éstos le hubieron llegado a las rodillas.

Si hoy fuera viernes, no me hubiera extrañado tanto ver a una persona dando tumbos, de un lado al otro de la acera. Todos sabemos los estragos que hacen las noches universitarias de los jueves! Si es que madrugar no es bueno, aunque haya personas que piensen que los jóvenes con gafas de sol que ven los viernes por la mañana, han madrugado!!! Inocentes…

Acostumbrado a llegar al trabajo gracias a mi piloto automático (el mismo que me despierta, me ducha, me viste y cierra la puerta de casa), me he visto sorprendido por una joven que parecía abalanzarse sobre mi, sin intenciones acosadoras. Si, lo sé, os parecerá extraño, pero no me ha pedido ni el teléfono…

Finalmente, haciendo gala del mismo talento que tiene Fernando Alonso para esquivar las posiciones de podio, ha podido mantener el equilibrio y sortear un par de baldosas levantadas.

Admiro a las personas que son capaces de ponerse unos tacones para aumentar su estatura, aunque sea una forma falsa de estilismo… ¿Pero no se dan cuenta que todos vemos su trampa? Prefiero estrategias más elaboradas:  los tintes (el rubio pollo no cuenta), las pelucas (el Dioni tampoco), los rellenos, el maquillaje, etc. Aunque dispuestos a engañar, prefiero las imitaciones “curiosas”. Me encantan los calcetines Kike, la ropa Golce&Banana, las gafas de sol Bay-Ran.  Ejemplos de picaresca, humor y buen precio.

Desde aquí me gustaría saludar al amable hombre del paseo marítimo de Sitges que me rebajó tanto el precio de las gafas que me dio pena regatear!!  De momento no se me han quemado los ojos, cosa que es de agradecer.
Es gracioso ver como todas las amigas con las que hablabas mirándolas a los ojos, de pronto se convierten en las hermanas mayores de Papá Pitufo. Realmente, sufro por ellas, y apuesto a que los hombres que las ven por la calle las admiran, y las mujeres cuentan el tiempo que tardarán en caerse… Tic, tac, tic, tac!

A cuidarse!!

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